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Mitología con un Panda: La Tragedia de Narciso

Pandilievers! Como todos los martes les dejo un nuevo video, en esta ocasión uno de mis mitos favoritos de la mitología griega. Se trata del mito de Narciso; cómo rechazaba a quienes se enamoraban de él incluso ocasionando un suicidio y luego ignorando el llanto de una tímida ninfa de las montañas. También les dejo una versión que redacté en la cual el final de Narciso es mucho más trágico.


Hace mucho tiempo atrás, en un lugar muy lejano, la ninfa Lisíope y el río Céfiso tuvieron un hermoso hijo al que le pusieron por nombre Narciso. El adivino Tiresias había predicho que el muchachito tendría una larga vida siempre y cuando no llegara a conocer su propio rostro, entonces los padres tomaron todo tipo de precauciones.


El joven Narciso tuvo un buen amigo de infancia llamado Ameinias. Juntos pasarían los días compartiendo todo tipo de actividades; desde la práctica de artes hasta los juegos infantiles más inocentes. Ambos crecieron juntos, hasta que un día su amigo lo llevó a un bosque en el cual lo tomaría de la mano y le declararía su amor. Narciso, confundido, atinó a correr de vuelta a su casa y a encerrarse, pues no entendía ni aprobaba lo que su mejor amigo de infancia sentía hacia él.


Ameinias, con el corazón roto, se dirigió hasta la casa de Narciso donde rogó que su amigo le abriera. Ante una puerta que no se abriría, lloró y lloró hasta el cansancio. Cuando ya no pudo más, convocó a la diosa Némesis y le pidió que alguna vez Narciso sienta en su corazón el enamoramiento puro no correspondido, tal cual lo estaba sintiendo él. Luego de elevar ese rezo, tomó una daga y se la clavó en el corazón arrebatándose la vida.


No muy lejos de allá, la hija del aire y la tierra, la ninfa Eco se encontraba favoreciendo las infidelidades del dios Zeus. Mientras el dios padre se encontraba en un amorío con una de sus compañeras Eco distraía a la diosa Hera, esposa del señor del trueno, con largas historias que no parecían terminar. Sospechando de tales artificios, Hera se dio cuenta de lo que ocurría y decidió castigar a la bella ninfa condenándola a no poder hablar a voluntad nunca más, si no solamente cuando la interrogasen y estaría obligada a responder con las últimas palabras que le fuesen dirigidas.


Deprimida, Eco se dirigió a los bosques pues no toleraba ser objeto de burla entre sus compañeras. Allá, descubrió que en el camino también se encontraba un hermoso joven quien también caminaba sin rumbo, intentando escapar de algo. Se trataba de Narciso, quien muy triste ante la pérdida de su mejor amigo buscaba paz entre el espeso bosque. Eco lo siguió a una distancia prudente, pensando cómo interactuar con él.



Finalmente Narciso encontró un lugar donde descansar, se trataba de un árbol muy cómodo que estaba frente a una hermosa laguna cristalina. Se acercó a la orilla para beber un poco de agua, y entonces sucedió algo inesperado. Narciso vio dentro de la laguna a un ser de rostro perfecto, tan hermoso como no había ninguno, que lo estaba observando de frente. Se incorporó para frotarse los ojos y asegurarse de que no era una ilusión, pero al volver a asomarse vio de nuevo esa imagen tan delicada y preciosa. Sin darse cuenta de que se trataba de su reflejo en el agua, se quedó contemplando ese semblante por un momento hasta que se decidió en hablarle:


- Quién eres?


Una voz por detrás respondería


- Quién eres?


Se trataba de la pobre Eco y su maldición.


Dijo entonces Narciso:


- Yo soy Narciso y nunca vi un ser tan hermoso como tú. Por favor, déjame tocarte!

Y cuando puso su mano en el agua la imagen se desvaneció. Narciso muy confundido se quedó allí esperando que la persona misteriosa de las aguas retorne. Al día siguiente, ante la luz del día, pudo ver nuevamente a la persona en el agua.


- Volviste! Mira, quiero decirte que eres hermoso. Por favor, déjame hacerte compañía y no te vayas. Está bien?


Y la voz desde atrás le respondió:


- Está bien.


La pobre Eco había pasado la noche contemplando al hermoso Narciso, intentando idear un plan para acercarse y que él la viese… Pero la belleza del joven la intimidaba. Así pasaron las horas, los días, las semanas y los meses. Narciso se quedaba contemplando su propia imagen, absolutamente enamorado de aquél rostro en las aguas y Eco vislumbrando la hermosura del joven.

Llegó un día en el cual Narciso vio la imagen un tanto cansada, parecía avejentada y débil, pues Narciso ya casi ni comía por no perderse un instante de estar frente a su rostro en las aguas.


Preguntó entonces:


- Estás bien?


Y la voz le respondió:


- Estás bien


Narciso dijo:


- Yo sí, estoy bien, pero no prefieres salir de ahí y venir acá conmigo?


- Prefieres salir de ahí y venir acá conmigo.



Le respondió la voz. Narciso entonces, entusiasmado como nunca antes, tomó rápidamente sus cosas y se lanzó al agua ahogándose al instante. Eco intentó salvarlo, pero era muy tarde. Lloró allá, sobre el lugar donde Narciso había pasado los últimos días de su vida, y cada lágrima de ella fue convertida en una hermosa flor por la diosa Afrodita, flores que hoy en día conocemos como narcisos.


Eco se retiró entre las serranías donde se consumió de dolor y lamentaciones. Hera se compadeció de ella y dejó que su cuerpo desfalleciera, pero inmortalizó su voz allá, entre las montañas. Esa voz es el eco que escuchamos cada vez que gritamos fuerte, pues la ninfa aún repite lo último que escucha por su maldición. ¿Y Narciso? Pues bien, su loco amor lo acompañó hasta los infiernos, donde aún contempla su rostro en las aguas del Estigia.


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