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Canción de Cuna para Merlín


Ban y su hermano Bors eran dos jóvenes pescadores que vivían tranquilos en una inhóspita costa de la Isla de los Poderosos. Los hermanos estaban conformes, aunque a duras penas se ganaban la vida, hasta que se encontraron con eventos que los cambiarían para siempre. Una buena noche, al final del verano, alguien llamó a la puerta de su humilde cabaña. Al abrir Ban vio una extraña figura, muy bien protegida contra el frío gracias una capucha que le cubría todo el rostro, que al hablar descubriría una melodiosa voz femenina. Esto sorprendió mucho al joven, ya que no era frecuente ver mujeres solas por allí y mucho menos a aquellas que hablaban como nobles. Además, ¿quién querría comprar pescado a tan altas horas de la noche?

La invitó a pasar y ella, al quitarse el capuchón, dejó ver su fino rostro pálido y delicado cincelado con grandes ojos esmeralda, cuya mirada era la de quien había andado un largo camino penando, con poco alimento y refugio. Bran le preguntó cómo podía ayudarla y se sorprendió más al saber que la misteriosa mujer sabía que él y su hermano eran pescadores y que tenían una barca, lo que quería era que la transporten en ella. Bors se encontraba trabajando con las redes en la playa, pero no tardaría en regresar, así que a Ban le quedaba hacer un poco de charla, pues ni loco se aventuraría solo a llevar a esa mujer tan rara.

- ¿A dónde desea ir señora?
- A la Isla.

Ban se puso nervioso ante esta respuesta, su plan de hacer charla había llegado hasta ahí. Al escucharla hablar, pues aunque había muchas islas más allá de la costa, de alguna manera sabía a cuál la dama se refería, y esa tenía historías lúgubres que mantenían a los hombres lejos de sus límites. En el momento, como convocado por los dioses que escuchaban los lamentos de los hermanos menores,  Bors ingresó a la cabaña, miró a ambos callado y sin entender lo que sucedía hizo una venia a la señora, como si se tratara de una reina. La mujer los miró intensamente y Bran, aunque con miedo, tomó su harapienta capa de donde estaba colgada y con un "vámonos" hizo que su hermano lo siguiera sin saber en totalidad qué estaba pasando.


En el corto recorrido hacia la playa ella no volvió a hablar. Los hermanos empujaron su embarcación hacia el mar y ayudaron a la dama a subir. La mujer permaneció en silencio mientras ambos remaban, sentada en la proa y dirigiendo su mirada hacia el horizonte. El clima empeoraba, las aguas se agitaban y la oscuridad reinaba en el lugar. Ban y Bors nunca habían dirigido sus miradas hacia allá, hacia la misteriosa isla, sin que el miedo los consuma. Conocían bastantes historias sobres espíritus y demonios que habitaban el lugar como para arriesgarse a acercarse tanto como lo estaban haciendo ahora. Parecía que toda la isla estaba envuelta en una manta fantasmal de luz, como si se levantara una cortina entre el lugar donde la endeble embarcación recorría el revuelto del mar y la playa de la isla. Cuando Ban estaba a punto de hablar, tras señalar con su mano temblorosa, la mujer empezó a cantar una melodía que sonaba a deja vú, la recordaban pero no la conocían, parecía una antigua canción de cuna:

Hace tres meses y tres semanas que en el bosque me interné,
Un pájaro oí cantar, cantaba con voz tan dulce y tan fresca
Cantaba con suave voz, más suave que murmullo de agua
Tanto que sin tomar precausiones yo lo seguí
Con mi espíritu encantado, lejos, muy lejos
Virgen real, me dijo él, brillas como rocío de la mañana
 
El alba cuando te mira se embelesa y tú no lo sabes1

Mientras ella cantaba, la niebla se dividió abriendo un sendero para que pasen a salvo y bajen de su embarcación. Allí, donde nadie como ellos había llegado antes, vieron a lo lejos una capillita de piedra de la cual salía una luz mágica muy intensa. Todo en la isla parecía opaco, carente de colores y de energía, sólo aquella potente iluminación dotaba vida a todo lo que tocaba.

Aunque los hermanos se impresionaron con lo que vieron, ni un momento dejaron de tener pavor ante la situación. Bors empezó a remar como si su vida dependiera de ello (aunque ya estaban en tierra firme) mientras que Ban se abrazaba a la punta de la balsa intentando proteger su vida. De repente el viento cesó y el mar recuperó la calma total. La mujer, serena, les dio calma al simplemente mirarlos a los ojos haciendo un ademán para que la ayuden a bajar.

- Siento mucho que este lugar los haya asustado, gentiles hombres. Deben entender primero que acá el tiempo no existe, no como ustedes lo conciben. Acá las cosas ya sucedieron y a la vez sucederán, acá todo es antes y a la vez después, entenderlo implica olvidarlo para los mortales como ustedes lo cual es un problema para quienes necesitamos de ayuda acá dentro. De todas formas, permítanme hacerles un obsequio en compensación ante su noble ayuda. Voy a donarles una historia ancestral que espero recuerden para impulsar el momento que todos hemos estado esperando.

Ambos la escucharon atentos mientras ella avanzaba y se retiraba la capa que traía, dejando ver un hermoso vestido blanco con delicados bordados áureos propios de una reina. Hablaba delicadamente haciendo pausas y sin mirarlos, suponiendo que iban tras ella:

"Sólo existe en nuestro tiempo un ser que puede guiarnos, y lo hará durante los tiempos más importantes de la historia, pues el que fue y será rey para siempre volverá y será gracias a su guía. Sí, este ser del que les hablo guiará hechos importantes del más grande rey que hubo y habrá, pero este ser no tiene orígenes comunes, verán, se trata del hijo de un demonio.

Hace mucho tiempo atrás el hijo predilecto de la madre oscura, Lilith, era un demonio llamado Asmodeo. Este maligno era el demonio de la lujuria y podía corromper las almas más puras, por lo cual fue elegido en el Pandemonio, capital de Infierno, para engendrar al anticristo. Tras destruir a una familia entera en Northumberland corrompió el alma de una muchachita de trece años a la cual dejó embarazada del ser que representaba esperanza para todos los malignos del inframundo. La chica fue juzgada y sentenciada a muerte en un caldero hiviendo, pues tener hijos fuera del matrimonio era una de las peores ofensas a la sociedad. Un párroco, quien había recibido las penas de la niña, se interpuso ante los jueces pidiendo que esperaran al nacimiento del bebé antes de llevar a cabo la condena.

Aceptaron y llevaron a la chica a una torre donde, mucho antes de lo esperado, dio a luz. El párroco, llamado Blas, se escabulló en la celda e inmediatamente bautizó al recién nacido, pues intuía que tales hechos extraños no podían ser obra del señor. Los guardias alarmados tomaron a la muchacha y la bajaron desnuda a caminar por las calles para que la gente pudiese avergonzarla por sus actos impíos mientras Blas se quedó con el bebé en brazos. Para sorpresa de todos, el bebé se incorporó y empezó a correr hacia los brazos de su madre desde donde, en una lengua fluida y comprensible para todos los presentes, se puso a hablar a las multitudes. Sí, todos estaban boquiabiertos.

Señalando con un dedo acusador les dijo a los jueces que ellos habían errado al pretender castigar a su madre por actos impíos siendo que ellos mismos eran pecadores y relató a uno por uno sus oscuros secretos impuros. Nadie se atrevió a decir palabra y muchas personas habían salido despavoridas corriendo, gritando e incluso había una que otra señora desmayada ante tal escena. Al ver tal desorden, el pequeño que había sido bautizado como Myrdrinn les dijo a los presentes que no teman pues él era un ser de luz ya que sus poderes infernales serían direccionados hacia el bien. El bautismo proporcionado por Blas había bloqueado toda intención maligna en su espíritu y él ya tenía clara su misión en este mundo: devolver la vida a la tierra.

El niño mago, a quien los paisanos llamaron "Merlín" pues su nombre era muy difícil de pronunciar en cristiano, se alejó de la población ya que no le gustaba que lo señalaran como hijo del Diablo. Además, sufrió atentados por parte de fanáticos que no comprendían sus orígenes, así que decidió reclamar las tierras que hace siglos habían pertenecido a sus ancestros: los mágicos jardines de Lilith que yacían olvidados en los lindes de la tierra. Se trataba de tres lugares místicos; la Isla de las Manzanas (luego conocida como Avalon), el País frente al Mar (que algunos recuerdan como Armórica) y el Valle de la Espada que hoy conocemos como la Tierra Baldía. Queridos pescadores, hemos atravezado el umbral de las nieblas y ahora ustedes se encuentran ante una de estas tres tierras. Lo que van a presenciar a continuación probablemente lo olviden al retornar a sus días efímeros allá, donde los frutos se marchitan, las personas envejecen y los animales carecen de encanto". 

Ban y Bors casi ni pestañearon pues las palabras de la Reina eran hipnóticas, la historia terminó justo a tiempo para que ella se dé la vuelta, los mire y con una venia haga un signo de despedida. Fue hacia adelante donde varias damicelas hermosamente ataviadas de blanco la recibieron para acercarla a una procesión que estaba llevándose a cabo en ese extraño lugar. Ambos no pudieron con la curiosidad y se incluyeron en la caravana para ver a qué se debía esa conglomeración de personas tan bien vestidas que recitaban en lenguas olvidadas, lenguas que sonaban también a deja vú.

La pequeña capilla volvió a lanzar una luz desde su interior y todos guardaron silencio, como si se tratara de una señal. La parte delantera de la procesión ingresó llevando una camilla con un hombre sentado, vestido con finas ropas y lo que parecía una pesada corona sobre su palma derecha. Los que vestían de blanco se acomodaron a ambos lados. Cuando todos estaban dentro, Ban y Bors pudieron observar que la mujer que vino con ellos, esta especie de reina, estaba al lado del hombre sentado en la camilla. Parecía que este hombre, esta especie de rey, tenía un mal en las piernas, estaba tullido, herido, inhabilitado.

El rey se inclinó hacia el altar y tomó una copa que en ese momento hizo parpadear un brillo. La reina tomó un puñal platinado y se cortó el brazo desnudo hasta el hombro, las rojas gotas de sangre empezaron a escurrir en la copa. Aunque la señora no hizo ningún ruido ni señal de dolor, Bran se dio cuenta que ella se volvía más pálida en cada momento y sus ojos oscurecían dilatados. Al llenarse el cáliz, el hombre de finos ropajes se inclinó aún más y tomó el contenido, la sangre chorreó en su avejentada barba canosa que de repente empezó a recuperar el color rubio. Ban y Bors apreciaron como el rey en pocos segundos recuperó el semblante y rejuvenenció por arte de magia que evidentemente provenía de la copa.
La reina tomó la copa que empezó a brillar intensamente y la llevó hasta el borde del acantilado, vaciando lo que quedaba de su contenido en el mar. De repente toda la tierra en el lugar se llenó de color y de vida, como si aquél contenido en el mágico cáliz lo estuviese ocasionando. Ban se dio la vuelta para ver qué hacía el rey, pero la capilla y todos los hombres que estaban ahí hace instantes habían desaparecido. No había señal de ninguna luz y la mujer misteriosa que les había contado sobre el mago Merlín ahora era tan sólo parte de un confuso recuerdo. Los dos hermanos se dirigieron a la playa y zarparon hacia el mar, ahora tranquilo. No dijeron palabras hasta llegar a su humilde cabaña, allá en la Isla de los Poderosos. Ban no pudo con el silencio:

- ¿Por qué la seguiste, hermano?
- Porque era la Reina.

Lego de ese incidente misterioso, los hermanos se negaron a hablar de lo sucedido, simplemente lo tenían en mente, como una especie de deja vú. Lo que sí es seguro, es que ninguno de los dos pudo seguir con su antigua forma de vida, vendieron todo y se conviertieron en trotamundos, ansiando aventuras, encontrando al mago Merlín en persona y contándole la historia de la extraña copa que iniciaría nuevos retos y generaría muchas historias. Más adelante llegarían como valiosos miembros a la corte del rey de antes y para siempre, donde ellos tendrían historias épicas propias que contar al rededor de la Mesa Redonda. Y como deja vú, a veces cantaban sin darse cuenta:

Embelesas al sol que nace ¿Quién será tu esposo?
Calla pajarillo malo, que tu pico es demasiado libre
Pero su canto se hacía más y más bello y yo lo seguía ciegamente
Hasta que caí rendida de fatiga y me adormecí al pie de un roble
Y en ese lugar un sueño me agitó grandemente
Yo estaba en la gruta de un pequeño Duz2 rodeada de las aguas de una fuente
¡Las rocas eran transparentes, deslumbrantes, diáfanas de cristal!
El pequeño Duz no estaba en la gruta, me sentía calma y feliz
Entonces vi venir de lejos una tórtola en pleno vuelo

Tenían la sensación de que el resto de la letra la conocían, pero no la podían cantar. Tal vez Merlín podría completarla en un próximo encuentro, pues la canción era definitivamente sobre él. ¡
Si tan solo podrían recordar que tenían que preguntárselo! Maldita bruma de Avalon, si tan sólo recordar todo sobre ti no fuese un antipático deja vú.




1. Fragmento de "Hun Eta" (Duerme mi niño, en idioma bretón), canción que relata los orígenes míticos del mago Merlín. Es una canción de cuna que proviene de la Baja Bretagne y se la conoce también como "Marzhin en e gavell" (Merlín en su cuna). Llegó a nuestros días por tradición oral, mediante caballo de los fogones, las nodrizas las cantaron a los niños en las cortes y los viajantes la llevaron de pueblo en pueblo durante siglos desde su origen que está perdido en el tiempo.
2. Se trata de un duende de los bosques bretones, un dulce espíritu de la foresta.

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