Hola, Soy Selene Pinto Y esta es mi página Bienvenido Encontrarás narraciones de mitología con un panda ¡Porque todos amamos a los pandas!

Hola, Soy Selene Pinto|Y esta es mi página| Bienvenido | Encontrarás narraciones de mitología con un panda | ¡Porque todos amamos a los pandas!

El vencimiento a Huari, el dios de la fuerza


Hace mucho tiempo atrás, el dios Sol tenía bajo su cuidado y protección a todo un pueblo. Sus hijos predilectos eran unos pastores de llamas del Uru-uru, quienes le hacían sacrificios todas las mañanas y le dedicaban las más bellas oraciones emitidas en cantos.

Sin embargo el dios de la fuerza llamado Huari, que era un ser monstruoso con rasgos de puma mezclados con los de una llama, se enamoró perdidamente de la hija del Sol, la hermosa Aurora. En su impuro deseo de poseerla, con un fuerte resoplido, elevó columnas de humo y fuego, pero el Sol venció las sombras de Huari hiriéndolas con su luz. Huari guardó su cólera y despecho para ejercer venganza sobre los hijos del Sol.

El dios de la fuerza los corrompió sembrando en ellos la envidia y llenando sus almas de soberbia. Los instruyó en odios y perversidades, los urus pronto llevarían con su presencia la señal de que algún mal aparecería de pronto. La peste hacía sus estragos infestando poblaciones con víboras, lagartos y sapos haciendo que el pavor cundiera por la altiplanicie.



Un buen día, apareció una ñusta hermosa, esbelta y grácil, con una aureola luminosa que hacía resplandecer su imagen. Con una dulce y persuasiva palabra, reflexionó a los urus y los exhortó a que retornen al bien. Volvió la paz a la comarca, pero esto enfurecería aún más a Huari. El dios mandó entonces una monstruosa serpiente a devorar hombres y mujeres. Al verla, los pueblerinos pensaron que se acercaba el castigo por sus males y ya resignados se empezaron a preparar para su muerte. De repente, entre la humareda, la hermosa ñusta se incorporó blandiendo una flamígera espada con la que dividió en dos al monstruo. El cadáver serpentino se convirtió inmediatamente en rocas, confundiendo su cuerpo con el de las colinas y las peñas.


Huari entonces envió otra plaga para castigar a los Urus. Se trataba de un gigante sapo que engulliría a los brujos que tanto uso de él habían hecho en sus rituales. La mujer protectora del pueblo apareció nuevamente desde lo alto de un cerro, haciendo girar sobre su cabeza una honda armada de agudo guijarro que hendió el aire y al alcanzar la boca del sapo lo convirtió en una roca. Huari hizo temblar la tierra de rabia.

Se estremecieron los montes de la cordillera y envió su tercer castigo. Mandó un lagarto que azotaría montes con su larga cola al pasar. Nada se podía oponer a su presencia, llevaba muerte a su paso, hasta que la mujer protectora de los Urus se le interpuso separando su monstruosa cabeza del cuerpo con un tajo de su fila espada. La sangre del dragón formó una laguna y su cuerpo con las patas extendidas quedó petrificado formando cerros.


Huari no se detendría, aún tenía un último plan. Del cadáver de lagarto gigante, hizo salir millones de hormigas que ingresarían al pueblo del Este. La heroína hizo girar nuevamente su honda, haciendo que las piedras lleguen al hormiguero. Los insectos se convirtieron en montículos de arena, y en la cabeza del lagarto clavó una cruz que ahuyentaría a Huari para siempre, quien desde entonces quedaría oculto en las entrañas de los montes.

El dios de la fuerza aún brama de vez en cuando, mandando su cólera hacia los cielos, queriendo opacar la luz del Sol, pero ahí aún está la ñusta protectora de la ciudad, a quien algunos llaman Aurora, otros Pachamama y la mayoría Mamita del Socavón.

Fuente: TERÁN, Vicente. Nuestra Señora del Socavón: Memoria, Reflexión y Desafíos en el Taypi de Oruro. Mac Impresores: Oruro, 2015.
Imágenes: Genzoman, Deviantart.

Share this:

CONVERSATION

0 comments:

Publicar un comentario