Hola, Soy Selene Pinto Y esta es mi página Bienvenido Encontrarás narraciones de mitología con un panda ¡Porque todos amamos a los pandas!

Hola, Soy Selene Pinto|Y esta es mi página| Bienvenido | Encontrarás narraciones de mitología con un panda | ¡Porque todos amamos a los pandas!

El bandido Chiru Chiru

Hace un buen tiempo atrás existía un bandido al que apodaban "Chiru Chiru" por el desordenado cabello que él tenía, semejante a los nidos del pajarillo que lleva ese nombre. Él tenía su guarida a en las faldas del cerro "Pie de Gallo", se trataba de una vivienda miserable que no llegaba a llamar la atención de nadie que pasaba por ahí. Quienes lo habían visto lo consideraban un pobre vagabundo que mendigaba por los alrededores, aunque él hábilmente se disfrazaba para hacerse pasar por comerciante u hombre de negocios en la cercana ciudad creciente.

El ratero era muy devoto a la Virgen de la Candelaria por lo que cada mañana, antes de ir a cometer sus fechorías, le prendía una velita de cebo en un pequeño altarcito humilde que tenía a la cabecera de su cama. Luego de rezar iba a robar a los más ricos y poderosos del pueblo, generalmente a los más avaros y poco caritativos.

Un noche, el Chiru Chiru intentó hurtar de un pobre hombre que se encontraba con su mujer e hijos en casa. Quería despojarlo de su valija de cuero que tenía dentro todas las procesiones de esta familia; aunque el ladrón no sabía que sólo habían algunos harapos y chucherías sin valor. La Virgen se indignó ante tal acto y, aunque intentó en vano reflexionarle, se vio obligada a despojar al bandido de su amparo.

El Chiru Chiru no contó con que el infeliz dueño de casa era bastante valeroso y resuelto, que estaba dispuesto a hacer todo para defender su hogar. Cuando el bandido ingresó a la casita, el temerario hombre se despertó inmediatamente al percibir el más mínimo ruido y vio la sombra del ratero que se aproximaba. Tomó un puñal y se lanzó hacia la puerta sin que el Chiru Chiru tuviese tiempo sino para volver la espalda en la cual el hombre le asestó una profunda puñalada.

El bandido ágilmente escapó del lugar, y el pobre hombre eventualmente se cansaría de perseguirlo. La herida mortal hizo que el Chiru Chiru se desangre y caiga desfallecido en campo abierto. Allí, en agonía, pidió disculpas a la Virgen poseído del más puro y sincero arrepentimiento. La Mamita, conmovida por esta escena, lo levantó en brazos y lo llevó hasta su lecho en su vivienda miserable. Con todo el amor y ternura de una madre, le asistió hasta sus últimos instantes recogiendo de la voz del ladrón arrepentimiento y sincera gratitud hacia sus bendiciones.


Unos días después, los vecinos notaron la ausencia de este bandido y lo empezaron a buscar. La comisión, auxiliada por un mechero, sospechó de la lobreguez de aquél cuchitril. Al encontrar la puertecilla semiabierta, ingresaron hasta los aposentos del ladrón, donde los concurrentes se quedaron estupefactos al ver al infeliz Chiru Chiru tendido muerto en su humilde camastro. Tal asombro se hizo indescriptible cuando al levantar los ojos, ante la cabecera del difunto, vieron una maravillosa imagen casi de tamaño natural de la Virgen de la Candelaria. Cayeron de rodillas involuntariamente, empezaron a orar y poco a poco empezó a llegar más gente. Retiraron el cuerpo del Chiru Chiru para darle honrosa sepultura y su guarida se convertiría en una romería incesante por días, semanas y meses. La mina de plata llamada "Pie de Gallo" se denominaría en lo sucesivo "El Socavón de la Virgen".

Fuente: ZACONETA, Jose Victor. Odas y Poemas. La Favorita: Oruro, 1925.
Imagen: La Patria.

Share this:

CONVERSATION

0 comments:

Publicar un comentario